Viviendo en el Exterior

La pasión por el baile que llevó a una colombiana a Corea: Entrevista a Erika Rivera

Una vez escuché que el baile es un atajo para la felicidad. Y creo que es muy cierto. En Colombia, por ejemplo, el baile es inherente a la cultura y cualquier razón es suficiente para celebrar por medio del baile. La mayoría lo hacemos netamente por diversión, pero hay algunos que se han especializado en esta arte y la han llevado de manera profesional por el mundo. Una de aquellas personas es Erika Rivera, una antioqueña a quien su dedicación a la danza le dio la oportunidad de ir hasta Corea del Sur y de impregnar a los Coreanos de la pasión y alegría que los latinos sentimos al bailar.

Durante sus 5 años en el país coreano, cientos de escenarios han sido testigo de su pasión por el baile, y ha estado presente no solo como embajadora de nuestra cultura colombiana demostrando salsa, bachata, cumbia, sino también como bailarina en eventos internacionales, tal como los Juegos Olímpicos de Invierno, PyeongChang 2018.

Sus días en Corea han llegado a su fin, pero su legado en el país seguirá presente. A unos pocos días de embarcarse en una nueva aventura, me senté con Erika a que me contara cómo fue que ella, una colombiana apasionada por el baile, llegó a Corea gracias a la dedicación a esta arte. Su historia es el reflejo de cómo el amor a cierta vocación nos puede llevar a lugares inesperados, y de cómo tomar riesgos cuando las oportunidades se presentan, transforman el bailao que tenemos en el mundo.

¿Cuándo empezaste con el baile?

Mi pasión por el baile empezó desde pequeña. A los 10 años comencé a bailar belly dance. De los 13 a los 15, me metí a una academia de baile moderno en Envigado. De ahí participé en un concurso con la academia y uno de los jurados al verme bailar me dijo que si quería ser parte de su compañía que quedaba en el Poblado de Medellín. Sin saberlo en ese momento, la decisión de ser parte de su compañía me traería unos años más adelante a Corea, país donde he vivido por 5 años en total.

¿Cómo fue que terminaste viniendo a Corea?

Uno de mis compañeros en la compañía, Jose, era el director de baile coreográfico. A él le salió un contrato con una empresa que buscaba bailarines latinos en Corea, y para ello él necesitaba conformar un grupo de 6 bailarines. En ese momento, paralelamente al baile, yo estaba estudiando negocios internacionales y quería poder terminar mis estudios sin interrupciones. Estaba en octavo semestre y eran once en total, ya casi iba a terminar, pero como me faltaba el requisito de inglés, mis amigos me convencieron de que venir a Corea sería buena oportunidad para conocer otras culturas y practicar mi inglés en el proceso.

Terminé entonces viniendo a Corea con otros 5 bailarines. Trabajamos durante 2 años dando shows en un parque de diversiones que queda en Hwacheon, al norte de Corea del Sur.

Mencionaste anteriormente que has estado en total 5 años en Corea, ¿qué pasó después de esos primeros 2 años?

A finales del 2014 se nos acabó el contrato en el parque de diversiones y me devolví a Colombia. Estando de vuelta en casa, me vi con el deseo de ir a Corea nuevamente. Yo no sé qué tiene Corea, pero la gente viene y se quiere quedar, se enamora de todo. A los 10 meses de haber dejado Corea, me pasé de la Universidad Envigado a la Ceipa para poder terminar mi carrera de manera virtual y, a finales del 2015, me aventuré con Jose, el mismo con el que había venido en el 2012, a probar suerte en Corea como bailarines profesionales.

¿Cómo se desenvolvieron esos primeros meses de vuelta en Corea por cuenta propia?

En la previa temporada en la que habíamos estado en Corea, habíamos hecho varios contactos. Antes de venir, contacté uno que siempre había estado interesado en aprender español. El resultó siendo un angelito porque apenas lo contacté nos ofreció quedarnos en su cuarto de huéspedes a cambio de enseñarle español todas las mañanas. Así entonces, para el primer año vivimos en Mokdong (distrito al oeste de la ciudad de Seúl), en un cuartico chiquito, con colchones en el piso al estilo coreano y con nuestras maletas como closet. Estuvimos restringuidos en espacio pero muy agradecidos con la hospitalidad.

¿Cómo resultaste quedándote en Corea por estos 3 años?

Los colombianos podemos venir a Corea como turista sin necesidad de visa. Nos dejan estar hasta 90 días pero trabajar sin la visa necesaria es prohibido. Después de varios intentos fallidos de conseguir la visa de entretenimiento (E-6), empezamos a tramitar la visa de estudiante en Calvin University y estudiamos coreano por 2 años. Esta visa, la D-4, te permite trabajar medio tiempo. En ese medio tiempo participábamos en shows en varios eventos culturales mostrando tanto la cultura colombiana aquí en Corea como también haciendo parte de eventos internacionales, por ejemplo en los Juegos Olímpicos de Invierno. Cuando no estábamos en un show, dábamos clases de baile a coreanos.

¿Cúal es el perfil de los coreanos que deciden aprender a bailar música latina?

Mis alumnos son de 35 años para arriba. Los bailarines más famosos de salsa son personas que tienen 40, 45, 50 años. No he conocido un bailarín de danza latina de menos de 30 años.

¿Por qué crees que les empieza a llamar la atención el baile latino después de los 35?

Creo que es cuando salen de Corea, conocen latinoamérica o conocen a alguien latino y se impregnan de esa pasión que sentimos cuando escuchamos una canción que nos guste. Nosotros interpretamos la letra, los coreanos interpretan es la música pues no saben qué siginifica la letra. Por ejemplo, cuando bailamos y cantamos una salsa de Marc Anthony es porque la letra nos llega al corazón. Entonces ellos al ver esa pasión de la gente latina quedan cautivados, es un punto de  felicidad que no sabían que podría existir. 

¿Qué te llama la atención de los coreanos que deciden aprender bailes latinos?

Algo que tienen los coreanos es que si algo les gusta, ellos le dedican su tiempo, se especializan y se vuelven unos másteres en el asunto. Ello lo he visto reflejado en el baile. Tú por ejemplo vas a un bar aquí en Corea con música latina y estos por lo general tienen espejos en las paredes. Es normal que los coreanos se queden bailando solos frente al espejo perfeccionando los pasos, los giros y su técnica. En cambio si uno en Colombia ve algo así en plena fiesta uno quedaría muy confundido.

¿Qué es lo que más te ha gustado de  vivir en Corea?

Sin duda, la seguridad. Por ejemplo, ahora que estamos aquí en este café si las dos nos vamos y dejamos nuestros pertencencias aquí en la mesa no les va a pasar nada.  Así mismo, a veces después de trabajar me iba caminando sola tipo 2-3 am y no me preocupaba de que me fuera a pasar algo.

Otra cosa es que la cultura latina aquí en Corea está en el boom y cada vez más les interesa aprender nuestros bailes. Tu vas a un bar y bailan muy bien salsa, bachata… Entonces a los coreanos les llamaba la atención que fuera colombiana. Eso les parecía exótico, especialmente porque lo normal es que las bailarinas aquí sean o rusas o ucranianas. El ser Colombiana me hacía diferente e inmediatamente querían aprender de mí y de mis shows.

¿Qué ha sido lo más desafiante de vivir en Corea?

Conseguir las visas aquí en Corea es lo más dificil que yo me he encontrado en este país y lo más triste que me deja porque, a pesar de tener talento, no nos fue posible conseguir la visa que buscábamos (E-6). Intentamos inclusive por medio de la Embajada Colombiana con los que haciamos varias colaboraciones en eventos culturales y tampoco fue posible. Ello nos limitó la libertad de decidir si participábamos en ciertos proyectos o no, y nos tocó dejar pasar varias ofertas, especialmente de televisión.

¿A qué te ha parecido difícil acoplarte culturalmente?

A la mentalidad de trabajo que aquí tienen. Yo entiendo que uno tiene que trabajar fuerte para conseguir lo que desea, pero no estoy de acuerdo en sacrificar todos los momentos de tu día. Es decir, en el día tu puedes sacar tiempo para trabajar, para hacer ejercicio, para estar con las personas que tu quieres, para descansar… pero aquí todos están mentalizados en trabajar, trabajar y trabajar, sin dejar tiempo para disfrutar del momento. La misión de ser el mejor es buena, pero llega un punto donde ya no es sano. El tiempo es un tesoro que no se recupera.

Unos de mis estudiantes y buenos amigos tiene 65 años. Él, junto a su pareja, después de trabajar toda la vida, se dieron cuenta que estaban hasta la coronilla de trabajo y que querían hacer algo diferente, y ahora van a bailar todas las noches. Muy chévere que lo hagan ya, pero qué rico que lo hubieran hecho hace 20 años.

¿Qué te llevó a ponerle punto final a esta etapa? ¿Qué planes tienes a futuro?

A mi Corea me encanta, fue el país que me forjó durante mis 20. Tuve mucha suerte con todas las personas que conocí y los trabajos que realicé. Pero hoy en día me siento incómoda al tener tantos limitantes por la visa, pues aunque esté permitido trabajar bajo la de estudiante y estemos jugando bajo las reglas, no tenemos esa libertad de hacer lo que queremos en cuanto a nuestra ocupación sin preocuparnos de pasar por encima del reglamento migratorio.

Mi novio es de Estados Unidos y nos iremos juntos a vivir allí. Jose, mi pareja de baile, tiene otros planes. Decidí que ya es hora de devolverme al otro lado del mundo, estar más cerca de mi familia y sentir la tranquilidad de estar haciendo las cosas con todas las de la ley. En esta siguiente etapa, quiero dedicarme a mi carrera de negocios. Seguiré practicando el baile y si se me da la oportunidad de mostrar mi arte y la cultura colombiana, excelente, pero no quiero que mi entrada económica dependa del baile, quiero que mi carrera lo sea.

Este último año fue cómodo a nivel personal y económico. Pero uno llega a un punto en donde así uno esté cómodo uno no se puede quedar en ese estado por siempre, uno tiene que salir de allí o sino no va a lograr más cosas. La comodidad es buena hasta un punto, y creo que a mí me ha llegado el momento de moverme y pensar en construir algo a futuro.

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¡Gracias por compartir tu historia, Erika! Y Gracias por transmitir esa alegría y energía con la danza mientras dejas el nombre de Colombia en alto.

Si quieres seguir los pasos de Erika, puedes seguirla en Instagram como @erikariverja.

A ti que estás leyendo, seguiré trayéndote más entrevistas de otros colombianos en el exterior para que veas que ese sueño de vivir en el extranjero no está tan lejos. ¿Tienes alguna sugerencia acerca de alguien que te gustaría que entrevistara o de alguna temática de la que te gustaría saber más? Déjame saber en los comentarios. Por ahora, te comparto otros artículos que he escrito y pueden interesarte.

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