Mi País, Viaje

¿Cómo fue ir a un Partido de Colombia en Rusia?

Esta es la segunda parte del artículo “Mi visita a Rusia durante el Mundial 2018”. Si quieres ver cómo se vivió el mundial durante mis días en Moscú, léete la primera parte y luego regresa aquí. 

El primer partido de Colombia sería el 19 de junio a las 3pm (hora local) en Saransk, una pequeña ciudad al sureste de Moscú. Con pequeña me refiero a que físicamente no había la cantidad de hoteles necesaria para dar abasto a los 40.000 asistentes al partido. Dada la situación, gran mayoría de los asistentes recurrimos a dormir en el tren de ida y en el de venida. Cosa que por precio y ahorro de hospedaje, llamaba mucho la atención.

Trayecto en tren

El tren partiría de la estación Kasanskiy a las 9:30pm y llegaría a Saransk a las 7am. El recorrido sería nocturno, así que la intención era montarse, dormirse y a las 8 horas despertarse. La FIFA proveería trenes gratis para aquellos que tuvieran tiquetes para el partido. ¡La cosa fue que no dieron abasto! Así que nos tocó apresurarnos a reservar uno en un sitio ruso. Alcanzamos a reservar tercera clase, la clase que tiene silla-camas pero no tiene privacidad: no puertas ni cortinas qué cerrar.

A eso de las 8pm la estación se empezó a llenar cada vez más de colombianos de todas las regiones y de todas las edades. Algunos estaban animados, pitaban, cantaban; otros, estaban tan solo esperando una cama para dormir y rejuvenecer energías para el largo día que sería el siguiente.

Cómo era de esperarse, nuestro vagón estaba lleno de colombianos. Había un par de japoneses, representación temprana de lo que sería la proporción en el estadio: estimadamente habían 35.000 colombianos y 5.000 japoneses.

Llegada a Saransk

Independientemente del lugar geográfico, esa ciudad parecía un pueblito colombiano y no Rusia; pues, dónde fuera que entrarás, caminarás, o mirarás, se veían camisetas amarilllas por todos lados.

Para pasar las horas antes del partido, nos sentamos en un restaurante ofreciendo desayuno desde temprano en la mañana. Me tomé un reconfortante caldo con costilla, tal como si estuviera en Colombia.

A las afueras de aquel restaurante, que por su ubicación fue muy concurrido, colombianos y japoneses se pusieron a jugar fútbol de manera amistosa. Con música latina de fondo, ese balón rodó al ritmo de Shakira y su Waka Waka, de Juanes y su Camisa Negra y de Carlos Vives y su beso robado.

Estadio

El Mordovia Arena sería el estadio anfitrión que vería La Tricolor debutar. Se podía entrar a este 3 horas antes del partido, (al medio día en nuestro caso) cosa que agilizó la entrada de semejante cantidad de asistentes.

Allí adentro había todo tipo de entretenimiento. Un señor con patas largas, bailando al lado del lobo mascota “Zabivaka” eran los primeros en recibirte.

Había demostraciones de música. No latina, pero muy agradable al oído. Habían caseticas donde participar por la rifa de un carro (Hyundai en este caso), otras donde pretender jugar fútbol…

Y claro, como no, también estaban los periodistas nacionales e internacionales haciendo su labor informativa proporcionando al mismo tiempo algo de entretenimiento.

Partido Colombia vs. Japón

A las 2:30pm el Mordovia Arena estaba que no daba abasto. Sus sillas naranjas y blancas estaban pobladas de camisetas amarillas, de corazones ilusionados por ver a la Selección ganar, y bueno… de unos cuantos japoneses también.

La salida de las banderas, la cantada del himno nacional y el inicio del partido, fueron el comienzo de un sueño para todo un país. Yo no sé si se escucharía por televisión, pero por lo menos yo canté ese ¡Oh, gloria inmarcesible! tan duro, que la garganta me quedó doliendo.

Habían tambores en el estadio, se hacían olas de aliento (tocó intentarla varias veces porque se frenaba a medio camino) y se entonaban barras de ánimo.

En esos primeros minutos cuando a Sánchez le sacaron tarjeta roja y Japón nos metió un gol por penalti, empezó Cristo a padecer en el estadio. Pero como dicen por ahí, la fe siguió intacta y seguimos alentando a Los Cafeteros con porras colombianas.

Una decía “Vamos Colombia, vamos vamos a ganar, una vez más te venimos a alentar”; otra decía “Vamos, vamos Colombia, que esta noche tenemos que ganar”; y la que más me llamó la atención, decía: “Poropopo, poropopo el que no salte no es Tricolor” y con ella el estadio vibraba al son de aquel poropopo.

En esos 90 minutos sufrí, célebre un gol, canté y salté. Era mi primer partido en un Mundial y el segundo en el que veía a la Selección jugar. ¡Casi se me sale el corazón y se va detrás del balón! Esa emoción que se vive ahí dentro del estadio es de lo más cercano a la adrenalina que he vivido en los últimos años.

A pesar de la derrota celebré estar allí junto a mis compatriotas. Porque ver en vivo y en directo tan importante evento para los Cafeteros y para todo un país, fue un sueño hecho realidad para muchos. Y porque así es el juego, y así como apoyamos a un equipo en las buenas, también lo apoyamos en las malas.

Después del partido

Soñaba con que esa ciudad estuviera en tremenda fiesta luego del partido, así como debieron estar Kazán y Samara –las otras ciudades anfitrionas– donde sí obtuvimos victoria. No es que haya habido tristeza, porque donde hay colombiano hay algarabía, pero no fue lo mismo salir derrotados a salir vencedores. 

Frente al estadio, en un parquecito, habían unas caseticas de madera vendiendo pinchos, bebidas, helados; unos mesones de madera con sombrillas y la música que sonaba era o tropipop, o merengue, o salsa. ¡Esto parecía un bazar colombiano!

El Fan Fest de Saransk se empezó a llenar. Y cómo si ya no hubiera un río amarillo en Saransk, ese fan fest también terminó siendo practicamente colombiano.

A Colombia llegaron noticias de algunos colombianos que habían actuado vergonzosamente. Que uno había pordebajeado unas japonesas poniéndolas a repetir palabras indiscretas, y que otros habían entrado guaro al estadio burlándose de la seguridad rusa. Y aunque sí es muy indecente que eso haya pasado, lo que yo vi  estando allí fue otra cosa totalmente diferente: intercambios culturales, amigables juegos de fútbol entre “rivales”, barras de aliento a la Selección y cómicas colombianadas.

Voluntarias rusas

Japonesas vestidas de Mario Bros

Sin comentarios :)

No puedo dar fe de cómo se habrán desarrollado los demás partidos, pero lo que sí sé es que para el segundo partido que fue en Kazán, hasta el alcalde de dicha región se pronunció felicitando a los colombianos:

Realmente me gustaría que tuviéramos tanta juventud y cantáramos el himno de nuestro país desde el fondo de nuestros corazones, así como lo hacen los colombianos. Qué grandes vacaciones de fútbol llegaron a nuestro país, qué impresiones inolvidables nos dejaron ellos para siempre. ¡Aprendimos de aquellas personas que volaron hacia nosotros desde el otro lado del océano y nos dieron emociones!

Cuánto aman no solo el fútbol, sino también su patria, lo orgullosos que están de su equipo y su país y la forma en que comparten estas emociones. Me gustaría que aprendiéramos a estar juntos de la misma manera en que los fanáticos colombianos se comportaron. Un gran aplauso para la selección de Colombia“, dijo el mandatario.

Ese día me sentí orgullosa de nuestro país y de nuestra Selección. No nos habremos llevado la Copa a la casa, pero salimos victoriosos. Victoriosos porque nos unimos como país, victoriosos porque demostramos que los buenos somos más, y victoriosos porque si todo sale bien, llegaremos aún más fuertes para Qatar 2022.

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