Viaje

Vancouver no es Vancouver si no se explora en Tandem Bike

Soy una ciclista muy lenta. Si andar una milla en condiciones normales toma 4 minutos, a mí me toma 10, y eso es mucho decir. Aprendí a andar sin rueditas a eso de los 7 años, pero en lo que me rajé fue en velocidad. Así pues, el que vaya a explorar conmigo en bicicleta lo que tiene que tener es bastante paciencia.

Ja, cosa chistosa es que a mi esposo gringo ¡paciencia es lo que le falta!

Llegamos a Vancouver, una ciudad de la que tanto me habían hablado y una de las cuantas ciudades que frecuentemente hace parte de listas top de lugares que visitar. Con tan solo 24 horas para explorar el downtown, evaluamos los métodos más apropiados para ver más en menos. La alternativa ganadora fue en bicicleta.

What? I’m a really slow biker!— Le dije a Brendon.

Yeah… I know, but at least you will go faster than walking.

*Nótese que también soy de las que camina lento.

Llegamos a una de las tantas tiendas que arriendan bicicletas cerca al parque Stanley, el parque famoso de Vancouver. Habían de todos los tamaños y también de muchos colores. Yo estaba algo nerviosa, pues aunque sí monto bicicleta, ella y yo no es que seamos mejores amigas. Podías alquilar la bicicleta por hora y, si te demorabas más de 3, te costaba lo mismo que alquilarla por 6.

Al ver una bicicleta tándem (con dos asientos y dos parejas de pedales), le dije a Brendon super emocionada mientras señalaba la bicicleta:

Mi amoooor I found the one!

Al principio se rió. Hace unos meses habíamos visto una de éstas en los parques de Seúl, donde las parejas las alquilan y van como dos tortolitos a recorrer el parque vestidos con ropa coordinada. En esa ocasión me dejó en claro:

There is NO WAY we are riding one of those! 

Pero estando en el centro de Vancouver la situación era diferente y, la tal tándem, era no solo la mejor, si no la única opción de recorrer más en menos. Además, él no tendría por qué sacar a relucir su falta de paciencia.

Ya ves, a veces tu poca habilidad está de tu lado.

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Así fue que resultamos en dicha bicicleta y cogimos camino por el Seawall en Stanley Park. Dicho parque es el parque urbano más grande de América del norte. Sí, sí, más grande que Central Park. Además, Vancouver es súper amigable con las ciclas, y tanto en el parque como en la cuidad, habían cantidad de ciclo rutas. Definitivamente, bicicleta y Vancouver están hechas la una para la otra.

Montar en tándem es al principio algo raro. El de adelante es el que lleva las riendas, y el de atrás en el que le ayuda a mantener la pedaleada. El equilibrio se logra una vez se pedalea, pero eso sí, si el de atrás le pierde el ritmo a la cosa, es difícil acomodarse si el de adelante no disminuye la velocidad.

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*La diferencia en estatura fue aún más evidente en la tándem y, por supuesto, atrajo muchas miradas. 

A pesar de perderle el ritmo una que otra vez, yo iba encantada. ¡Nunca me había rendido tanto montando bicicleta!

El Seawall alrededor del parque es de 9 kilómetros y tiene unas increíbles vistas al agua y a la ciudad.

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También nos adentramos al parque recorriendo caminos menos comunes.

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Así fue que nos encontramos con Beaver Lake, un lago que está, en su mayoría, cubierto por plantas.

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En el centro las ciclorutas siguen, siendo la más popular la que continua junto al agua, la Seaside Greenway (en este enlace podrás encontrar el mapa con las ciclorutas). Allí, tanto rascacielos, como botes, parques y hasta playas conviven armoniosamente…

vancouver-downtown-seaside

y esta es la vista hacia el otro lado del downtown.

vancouver-downtown-view

También, encontrarás particularidades. Por ejemplo, este grupo de 14 estatuas, conocidas como A-maze-ing Laughter y elaboradas por el artista chino Yue Minjun durante el Vancouver International Sculpture Biennale del 2009, están modeladas a partir de las expresiones risueñas del mismo artista. A un lado del grupo de estatuas se lee: May this sculpture inspire laughter playfulness and joy in all who experience it. 

Ya al final, metimos la pata. Por explorar el distrito nocturno con bares y restaurantes —Gastown—, resultamos compartiendo carril en colina empinada con carros, buses y peatones. Y si mis piernas no habían tenido suficiente ejercicio por un día, lo alcanzaron con 2 minutos de empinada en la bicicleta tándem.

Ahora de vuelta en Seúl, ando esperando la oportunidad de montar en una tándem a lo coreano: con ropa coordinada y todo. Pero shhh, pues Brendon aún sigue insistiendo que there is NO WAY we are riding one of those! Hmm, pasará el tiempo y eso lo veremos.

Si quieres explorar Vancouver en bicicleta…

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Si pasas por Vancouver, explora su centro en bicicleta tándem. Creo que no hay mejor manera de hacerlo.

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2 Comments

  • Reply Alissa August 11, 2016 at 3:28 pm

    Gracias por compartir este relato! Es muy divertido leer tu escritura y tu perspectiva de tus viajes. Me alegro mucho que te pasaras bien montando en tándem!

    • Reply Andrea August 17, 2016 at 3:45 am

      Gracias a ti por leer Alissa! :)

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