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Leyendas del mundo: las Montañas de Chocolate en Filipinas

En la isla Bohol de las Filipinas, existen unas montañas de chocolate. DE CHOCOLATE. Pero, para amargura de muchos, no son de verdadero chocolate. Aww, ¡Ya quisiéramos todos la fábrica de Willy Wonka! ¿cierto? Al carecer de una explicación a ciencia cierta acerca de su existencia, se conocen varias teorías y leyendas que intentan explicar el por qué hoy en día las podemos admirar.

Las teorías científicas son aburridas, pero en cambio, las leyendas son más que divertidas. La magia, la imaginación y la fantasía que ellas poseen no tienen nada que envidiarle a la física, la matemática o a la química. Por eso, voy a contarles de primeras las cuatro principales leyendas que intentan explicar estas montañas, y dejaremos la teoría de últimas.

Primero lo primero. ¿Qué son las Montañas de Chocolate?

Las montañas de chocolate, son colinas de forma cónica casi idéntica. Tienen entre 30 y 50 metros en promedio y la más alta alcanza los 120 metros de altura. Algunos, dicen que son en total 1268, otros, que 1776. Yo, para evitar confusiones, dijo que son “mil y pico”. Ocupan un área de 50 kilómetros cuadrados, y están localizadas en el centro de la isla Bohol, la décima más grande de las Filipinas.

Reciben el nombre de chocolate porque hacia el final de la época de sequía (mayo), su color es marrón, así tal cual como un chocolate Hershey’s: los famosos Kisses.

Leyendas de las montañas de chocolate

Las cuatro leyendas que les contaré involucran a gigantes. ¿Qué tan grandes? De eso si no tengo idea.

Pelea de gigantes

Hace mucho tiempo, dos gigantes estuvieron de pelea y se lanzaron piedras y arena durante unos cuantos días. Después de tanta pelea, los dos quedaron exhaustos y cayeron en un profundo sueño. Al levantarse, se olvidaron por completo de su disgusto y resultaron siendo amigos. Se fueron juntos de aquel lugar sin recoger el reguero que habían hecho… y ¡voilá! las montañas de chocolate nacieron como resultado de la combinación de las piedras y la arena.

El gigante que perdió a su amada

Había una vez un gigante llamado Arogo. Poderoso y jovial, se enamoró de Aloya, quien era una mortal. El amor que se tenían mutuamente era uno de esos verdaderos y vivían más que felices. Pero un día, Aloya falleció. Arogo, en medio de su dolor y miseria, lloró y lloró insaciablemente por días y por noches. Cuando sus lágrimas se secaron, las montañas de chocolate se formaron.

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El gigante que era una plaga

Una ciudad estaba plagada por un gigante quien se comía todas las cosechas de los habitantes. Éstos, cansados de perder sus frutos producidos, decidieron poner entre ellos comida saboteada de manera que al gigante no se le pasara. Así, el gigante se enfermó de su estómago y, sin poder aguantar más, defecó todo lo que había comido. El poblado logró auyentarlo y las montañas nacieron en su reemplazo.

El gigante que perdió peso

Miguel era un gigante conocido por ser glotón. Toda comida que se le pasara por el frente terminaba entre sus dientes. Una tarde, vio a una joven muy linda llamada Adrianna y decidió conquistarla. Para ello, se puso a la tarea de perder peso y defecó todo lo que tenía en su estómago. Como resultado, enamoró a Adrianna y nos dejó las montañas achocolatadas.

Las dos últimas leyendas son un poco “amarillistas”. Yo voto porque el amor de Arogo sea el que reine y que el excremento y Miguel se alejen.

Teoría científica de las montañas de chocolate

Dejando de un lado la fantasía, científicos afirman que las montañas alguna vez fueron depósitos de piedra caliza bajo el mar levantados por el movimiento de las placas tectónicas y suavizados por el viento y el agua de lluvia.

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¿No les dije? ¡Las teorías científicas son aguafiestas! No retan la imaginación y solo intentan explicar las cosas tal y como son.

Mi propia leyenda acerca de las montañas de chocolate incluye a Arogo y Aloya. Pero, como soy una romanticona y me gustan los finales felices, le cambiaré un poco su historia:

Arogo el gigante y Aloya la mortal  vivían más que felices. Su amor era tan grande, que Arogo fue capaz de darle un poco de su inmortalidad a Ayola. Por cada año que compartían juntos, una montaña de chocolate erosionaba del suelo. 1268 años contaron, ya después de eso descansaron.

Sí, cursi es, pero amor es mejor popó. No serán de verdadero chocolate, pero con que sean símbolo de amor, estas montañas serán un lindo paisaje natural para recordar.

¿Con cuál leyenda se quedan ustedes?

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