Reflexiones, Viaje

¡Encontré un Furby viviente! Su nombre es Tarsero

En eso de los años 90, específicamente en 1998, una generación de mascotas robóticas fue creada: ¡los Furbies! Por esa misma época, los Tamagotchi estaban de moda. Parecidos pero diferentes a la vez —el primero era físico y el segundo era digital—, ambos juguetes requerían cuidados propios de una verdadera mascota.

Para el siglo XXI, el Furby se volvió a introducir al mercado produciendo un “Boom” desde el 2013 hasta la fecha de hoy. El modelo 2015 es Furbacca: modelización de Chewbacca de La Guerra de las Galaxias. Yo no soy fan de esta serie galáctica, pero si lo fuera ¡sin duda ya me habría comprado uno! ¿Y ustedes?

Además de ser un juguete físico, tienen una aplicación para el celular y la tableta donde se puede jugar, alimentar, poner huevos y hasta traducir lo que el Furby dice en su lenguaje Furbish. Así, Furby y la tecnología de Tamagotchi se convirtieron uno.

Antes de viajar a la isla de Bohol en las Filipinas, el Furby solo lo consideraba como un horrendo juguete (aunque no he tenido uno). Sin embargo, algo muy curioso pasó en aquella isla: ¡encontré un Furby viviente! 

El Tarsero

El Tarsero Filipino (Tarsier en inglés) ha existido desde hace 45 millones de años y es el segundo primate más pequeño del mundo —después del Lemur Pigmeo de Madagascar—. Además, tiene el record Guinness del mamífero con los ojos más grandes con respecto a su cuerpo. Para rematar y contrarrestar la inmobilidad de sus ojos, pueden girar la cabeza 180 grados.

Vive exclusivamente en el sudeste del archipiélago Filipino, siendo Bohol una de las pocas islas que lo tiene.

¿Me van a decir que no parece un Furby?

tarsero-furbacca

A diferencia del Furby, los Tarseros no son aptos para ser mascotas. Sí, se ven tiernos y son tan pequeños que caben en la palma de la mano. Pero desafortunadamente para todos, son animales suicidas. Se estresan muy fácil y, cuando lo hacen, se golpean la cabeza contra cualquier objeto hasta quedarse sin vida. También, pueden ahogarse si tienen un recipiente con agua cercano; meten su cabeza entre las rejas de una jaula hasta no vivir más, y puede que fallezcan de un ataque psicológico.

Así pues, ¡mejor de lejitos!

tarsero-bohol

En pleno ataque de pánico. ¿Si le ven esos ojotes?

Características

Habitan en selvas con vegetación densa y frondosa, pues les gusta resguardarse entre las ramas de los árboles, bambú, hierbas altas y matorrales. Por las noches, se alimentan de insectos, lagartijas y pájaros. Su personalidad es asustadiza, tímida, solitaria y les gusta tener su propio espacio. Aunque son pequeños —miden 13 centímetros y pesan 130 gramos—, son súper hábiles y pueden avanzar 6 metros en tan solo un salto.

En su hábitat natural, su expectativa de vida es de 24 años, mientras que en cautiverio puede que ni sobrepasen los 12 años, ¡y eso si no se quitan la vida antes!

Los Tarseros se comunican entre sí con ultrasonidos. Cuando se sienten amenazados o en peligro, se quedan quietos, sus gigantes ojos aumentan aún más de tamaño, y abren la boca como si fueran a pegar un alarido. Pero al final, el oído humano nada escucha.

Ahora, después de conocer más acerca del Tarsero, éste, aunque se parezca al Furby físicamente, no podría ser más diferente.

El Furby tiene 5 personalidades, y dependiendo de cómo lo trates vas a resultar con un rockero, un tierno, un energético, un hiperactivo o un glotón. ¿Bipolar? Yo diría ¡Fifthpolar! En vez de él tenerte miedo, tenle miedo a él, porque puedo que no se calle, te acose o hasta te haga altanería. Y no, no tiene un off button. La paciencia, el closet o la ventana estarán lidiando con él.

Viene en más de 16 lindos colores, puede poner hasta 48 huevos —lo hace cada vez que está feliz— y habla su propio idioma Furbish. ¿Ultrasonidos? ¡Nah! Pero sí tiene receptores que le permite comunicarse con el celular y con otros Furbies hablar. Puedes jugar con él, alimentarlo digitalmente, bañarlo y hacerle charla.

¿Tendrían un Furby? Para mí era una idea descabellada, y por eso tuve un Tamagotchi en vez de un Furby. Pero 17 años después de su nacimiento, decidí tener una mascota furbiana. No sé si termine debajo de la cama o tirado por la ventana. Lo único certero es que él mismo no se golpeará la cabeza hasta no tener vida. Y eso es lo que me tranquiliza. ¡Uf!

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